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sábado, 15 de diciembre de 2012

Visita al Palau de la Música Catalana

El miércoles pasado ofició de séptimo día bíblico (?). Después de una semana encerrados en casa trabajando para una entrega (que vencía martes a la noche, presentación incluida), al fin tuvimos tiempo para descansar. Por suerte, la fecha casi coincidió con la llegada de la gira del coro en el que canta Matías a Barcelona, así que aprovechamos para juntarnos a comer una paellita (?) en la playa mediterranea.

El restaurant estaba en plena playa, nos atendieron fantásticamente, y la vista era impresionante. Aprovechamos para ponernos al día y recordar los buenos viejos tiempos, morfando como reyes.


Cuando tuvo que irse para el hotel, a preparar el concierto, nos fuimos a hacer tiempo, dando una vuelta por Barcelona. Conocimos la impresionante Iglesia de Santa Eulalia, Catedral de Barcelona, a la que todavía no habíamos entrado. Es una catedral gótica con una disposición medio rara, que nos gustó mucho. El coro está en el medio de la nave y el sepulcro de Santa Eulalia justo abajo del altar. 


Saliendo a la plaza de la iglesia, encontramos una feria de cosas artesanales llena de adornos de navidad. La ciudad está ya con todas las decoraciones; nosotros nos preparamos para vivir nuestra primera navidad invernal.



Dimos algunas vueltas por la ciudad, tomamos un café en la Plaza Real, y apuramos el paso para el lado del Palau. El edificio del Palau de la Música, donde se hizo el concierto, es impresionante. Es una construcción modernista del 1900, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. No pudimos sacar muchas fotos, con el apuro y enorme cantidad de gente que había (cantaron a sala llena), pero la verdad merece una visita.


Contaba que Matías canta con un conjunto vocal (La Cetra) de Basel. Junto con la Orquesta de La Cetra, presentaron el Mesías de Händel en Barcelona la semana pasada. La particularidad del concierto es que era participativo... es decir, se audicionó y eligió a unos cuantos amateurs (más de 400, según dice acá) que cantaron el oratorio junto con los profesionales.


La verdad, fue un espectáculo precioso. Nos encantaron, tanto las partes en las que sólo cantaron los profesionales, como las del coro completo. Si se fijan en la foto, toda la gente que está leyendo la obra en los palcos del primer piso, más los que están sentados al lado del órgano, son los amateurs. Por otro lado, sacamos entradas bastante baratas, y nos sentamos bien lejos, y aún así se veía y (sobre todo) escuchaba de maravilla. Punto para los catalanes.

Pasamos una noche espectacular. Cuenta la leyenda (?), que Corina identificó la voz de Matías en alguna parte de los coros y me dijo "¡es ese!" en pleno concierto. Nos las arreglamos para grabar un poquito del bis, a pesar de la estricta prohibición.


(Si pasan el video a HD se ve muchísimo mejor)

Felicitaciones públicas (?) para Matías, de parte de los dos, hermoso laburo. Fue un gran placer ir a escucharte.

¡Enorme gusto haberte visto de este lado del charco! La próxima será en la tierra del asado.

martes, 2 de octubre de 2012

¡Primer mes en Barcelona!


Recontra instalados. Empadronados en el ayuntamiento, inscriptos en la salud pública, poseedores de una cuenta bancaria local, titulares de dos líneas de celular, con Número de Identificación de Extranjero, y oficialmente: felices. Ahora si! Trámites terminados: arranca el turismo.

Frente a la policía, completando papeles, en un duro día de trámites (?)
Nuestro primer viaje tenía un destino claro: playa. Nos bajamos del Renfe en la Plaza Catalunya. A la derecha: El Corte Inglés. A la izquierda: El Hard Rock. Inmensos. Ahora si! Tenemos que agarrar la Rambla y salimos a la playa, excelente. Pensar que mi abuela me habló tanto de este lugar! El único problema era que no teníamos mapas, pero somos dos adultos con sentido de la orientación, sólo tenemos que hacer un kilómetro y medio. Joya.

 ¿Cuántas veces seguidas alguien se puede perder? Más de 6 y menos de 8, adivinen (?). Caminamos 9 (desprolijos pero divertidos) km. MUERTOS, llegamos al puerto. ¡Valió tanto la pena! Caminamos unas cuadras más y llegamos a la Barceloneta, la playa céntrica más conocida de la zona. Y si: los pies en el Mediterráneo. Flash.

Playa La Barceloneta
Cuando uno viene de una tierra en la que lo más antiguo puede tener a lo sumo 300 años, pensar en castillos y edificio del 1500 shockea. True Story. Puerto, aduana, barcos, etc. El caso es que obviamente llegamos a la playa cuando los 32 grados de las 3 de la tarde, ya se habían convertido en 24 de las 6, y más que los pies no pensaba meter en el mediterráneo.

Salimos de la playa, arruinados. Caminar 10 km en ojotas no es justamente lo que recomienda el médico. Terminamos en el casino de Barcelona robando wifi. Iuju!

Averiguar como volver fue bastante jodido. Intentar preguntarle una indicación a alguien por la calle es salir perdiendo: el 90% son turistas y ya que están te hacen una preguntita a vos. Maldición. El caso es que como unos campeones llegamos a una estación, se llamaba Arc de Triomf. Y ahí, a que no saben que encontramos? MUY BIEN! Un arco del triunfo que estaba de re chupete, miren y juzguen, lindos.

El Arco del Triunfo Catalán
Siguiente paseo: La Sagrada Familia.

Esta vez estrenamos el metro (nota: las ratas me dan la bienvenida en tres idiomas). Dato copado: conseguimos mapas, que campeones por favor (?). Salimos del subte, miramos para arriba: la Sagrada Familia te deja totalmente mudo. Por supuesto: lloré. No podía creer lo que estábamos viendo.

Sagrada Familia, fachada del nacimiento
Arrancamos por cruzar a la plaza frente a la fachada del nacimiento a intentar sacar en alguna foto lo que estábamos viendo. Por supuesto que ninguna le hace justicia. Impresionante.

Se calcula que la Sagrada Familia estará terminada para mediados de este siglo. Así que vamos a poder decir: “yo fui a la sagrada familia cuando todavía no la habían terminado!”, porque no alcanza con haber nacido en el 1986 para que las futuras generaciones piensen que sos una pieza histórica. Alegría!

Al entrar fue cuando decidí, en vez de llevarme un recuerdo, dejar uno: patee un escaloncito divino, precioso, y dejé una uña del pie izquierdo en la Sagrada Familia. Distintas teorías dicen que se escucharon puteadas en calatán a Gaudí y tres generaciones de ancestros, pero no fueron confirmadas.
La Sagrada Familia, fachada de la pasión

Retomemos. Estuvimos más de 4 horas adentro, un flash total. Tuvimos la gran idea de subir a una de las torres por la módica suma de unos eurillos de diferencia. La vista de Barcelona desde arriba de La Sagrada Familia te vuela la capelu. Bajar las escaleritas antiguas del ancho de nuestro cuerpo, asomarse a los balconcitos. Recontra recomendable. Hubiera sido ideal que no se nos quede sin batería la cámara cuando estábamos arriba, pero todo no podemos pedir (?).

Luego bajamos al museo Gaudí y fuimos a la escuela que él mismo mandó a construir para los hijos de los obreros que trabajaban en el templo. Gauchito.

En fin: tremendo.

Ese mismo día pasamos por la puerta de la Casa Batlló y Casa Milà. Costaban carísimas las entradas (más de 20 euros) y ya habíamos visto lo mejor de Gaudí, así que lo dejamos para otro día. Caminamos por La Gran Vía y Paseo de Gracia, conocimos la Barcelona glamorosa. Una topetitud.

Siguiente paseo: marcha. Y si: no hay que perder la costumbre! Resulta que el 11.09 es la díada de Catalunya y hacen fiesta.

Díada de Catalunya en La Gran Vía y Paseo de Gracia
Ustedes no digan nada, pero cuando nosotros escuchamos “fiesta” nos imaginábamos algún recitalito (mi pobre corazón soñaba con Serrat), o algún desfile, algo! El caso es que yendo a buscar esas cosas nos vimos metidos en la marcha más grande que hizo Catalunya en toda su historia, en reclamo por la independencia. Jeje. Dos millones de catalanes agitando al ritmo de “¡boti boti boti, español qui no boti!” (el que no salta es un inglés, versión catalana). Todos con banderas, caras pintadas, pancartas. Jóvenes, viejos, adolescentes, parejitas, familias. Todos convencidos de que España estaba hundiendo a Catalunya y era necesario independizarse. Groso. Encontramos carteles de lo más pintorescos con frases como “No somos España, tenemos menos fiesta y más siesta” y “Primer presidente de la transición: Pep Guardiola”  Ni hablar que saltamos como locos.

SIGUIENTE! AHORA SI PLAYA! El chucho se levanta y dice “y si buscamos alguna playa para ir?”. Pensé que era obra divina, la visita al templo lo había iluminado, pero no: estaba agobiado por el calor. Entonces buscamos en guguel (como pronuncian los catalanes, joder!) una playa copada y emprendimos nuestro viaje a Sant Adriá de Besós, en Badalona (al ladito de Barcelona).

La playa divina, muy poca gente, mucha carne al aire, mucha carne tapada. Porque esas cosas te pasan en Barcelona: una mujer en topless nada al lado de una con burka, y a nadie le interesa. Nada le hace mejor al cuerpo que ver la libertad de otros que se quieren un poco más de lo que estamos acostumbrados.

Sant Adriá de Besós
Y ahora si, esta vez: nadamos en el mediterráneo. Juntos, de a uno, al lado, todo. Te hago una plancha de cara al áfrica!

Luego unas comprillas, y a casita. “uh, mirá, el tranvía!” a full. Mapa en mano: nos deja joya. Genial. La estación dice que faltan 8 minutos para que llegue el próximo, un éxito.

Llegó. Subimos. Ponemos nuestro pasaje en las máquinas…. Me lo rechaza. Pánico. (tranvía andando, obvio). Probamos de nuevo: rechaza. Miramos el pasaje y no tenía más viajes para usar, era uno viejo. Maldición! Revolvimos todos los bolsos, nerviosos, buscando el nuevo. No aparece. “Que hacemos chucho? Si nos agarran son 100 euros”. “bajemos!” . (yo) habíamos perdido el boleto (?). Eso fue lo más ilegal y osado que hicimos en nuestra estancia. Locos locos locos.

Cara de dormida de camino a la facu
Después de eso arrancamos a facu, y ya se nos empezó a complicar un toque. Pablito tenía que ir probando que materias le gustaban y yo ir probando en cuales me podía colar. Alegría! 

A la facu vamos caminando. Son 4 km preciosos. Un lujo, que al llegar se transforma en un vallecito. No me canso de este lugar. Me fascina.  

Después Barcelona se volvió cada vez más familiar. Entre paseos y compras, fuimos unas cuentas veces más. Recorrimos el Monasterio de Pedralbes (un monasterio del 1500 que  es un flash), caminamos por la Rambla, recorrimos la Ciutat Vella, entramos al Mercado de la Boquería (donde me compré melón en un vaso que me vendieron por un euro, adorable).  A mi gusto y por ahora: las tres cosas más deslumbrantes de Barcelona. 

Próximamente en Barcelona: Parque Güel, Montjuic, Museo Picasso, etc. 

Ampliaremos.-




miércoles, 12 de septiembre de 2012

La Historia de Doña Julia

Llegamos a Barcelona y ya desde el Prat pudimos ver el mediterráneo por primera vez. ¿Que hace uno cuando ve un mar por primera vez? ¿Llora, grita, canta “nací en el mediterráneo”? No sé, el caso es que ahí me di cuenta de lo que estábamos haciendo. La historia de nuestra vida. Las fotos de los portarretratos, las anécdotas de la vejez.

En fin, Dana nos fue a buscar con una camioneta muy sofisticada y coqueta. Nosotros con nuestra ropa de invierno sufrimos el impacto de ver gente el ojotas y musculosa, sin proceso de adaptación. Es groso pasar de bufanda a shortcito en un día!

Nos llevó hasta Mollet, a su casa. Un depto divino que alquila, donde vive con su hermana, sus dos perros y su gato (sorprendentemente parecido a Emilia, por cierto). Nos guardó una habitación para nosotros. En seguida se hizo de noche, tomamos algo en el patio, y fuimos a devolver la camioneta a su amiga, que se la había prestado especialmente para irnos a buscar (aaawww), y a buscar su auto.

La Plaza del Ayuntamiento de Mollet, primer y esperado día de lluvia!

Nos dirigimos a otro poblado: Santa Perpetua, la misma magia de Mollet. Un pueblito muy calmo, con frentes antiguos pero cuidados, callecitas peatonales y angostas, árboles por todos lados, y por supuesto: más gente el ojotas. El calor se hace difícil: treinta y pico de grados, no nos está dejando opción: helado será.

Mi amor ya estaba con abstinencia de informática, pobrecito como sufrió esos días! No agarrábamos ni un wifi y no teníamos compu. Tragedia. En fin, al siguiente día nos fuimos a hacer el primer intento por cambiar esa suerte: fuimos a La Maquinista, el segundo paseo de compras más grande de España, a ver computadoras. Vimos precios, comparamos, pero por supuesto: mi novio no es ningún improvisado: sacó fotos a cada cartelito de compu que le interesó, y apenas tuvo acceso a una pc se dedicó minuciosamente a investigar cada modelo y expedirse sobre cuál era la indicada para cada uno de nosotros.

Ese día almorzamos en Mc Donalds (si, lo sé, primera comida en europa y comemos en un no-lugar. Lo siento, la vida es así (?) ). Resulta que acá las cajitas de las hamburguesas tienen información nutricional de lo que estás comiendo. Aham, hola grasa y calorías!

Su felicidad se debe a que el suyo era el de más calorías
Algunos días más tarde, y con la información correspondiente, nos hicimos de nuestra computadora, la “mía”. La de Pablito requiere más búsqueda aún. El caso es que salí perdiendo porque el señor tiene más necesidades informáticas que yo, entonces necesita la compu para buscar su compu (así es como explota el mundo, no?). Alegría! Dos semanas después ya está en camino. Consiguió una que se ajusta bastante a lo que estaba buscando, en Madrid. Hoy estará llegando.

Sigamos. El caso es que mi novio tiene mala suerte, porque él: todo organizado e informado, ya le estaba por agarrar un ataque por no tener internet ni celulares, y yo arranqué a ponerme medio ansiosa por conocer Barcelona. Dos días y aún no habíamos ni pisado cerca de la Sagrada Familia!! (eso pensaba yo). Prioridades son prioridades: primer debíamos conocer el depto que alquilaríamos, cerrar ese asunto, e intentar encargarnos de los celulares. Ay, él, todo abstinente!

Al día siguiente nos comunicamos con Cristina, con quien veníamos en tratativas desde Buenos Aires para alquilar un piso que era de su madre. La llamamos y nos pidió que nos comuniquemos con Julia, su (ya verán: particular) progenitora (?). Sospechando (y ante la posibilidad de que algo no salga bien), desde un locutorio busqué otros avisos de pisos en Cerdanyola (poblado cerca de la facultad donde, investigación previa, planeábamos vivir).

Acordamos con Julia para el otro día a las 4 de la tarde. Por fin! Ya estábamos por tener casa, y eso significada que estábamos por tener celulares, y eso significaba que ya podíamos ir a pasear! (luego de 4 meses de trámites y mudanza, les juro que difícil pensar en otra cosa).

Ansiosa noche si las hay, al otro día: a ver el depto! Tipo tres arrancamos para Cerdanyola, nos encontramos con Julia en la puerta del edificio. De afuera: crítico. La zona me gustó, a Pablo ni un poco. Nos presentamos con Doña Julia (“dos besos Corina!”, “sorry, mala mía!”). En seguida notamos que empieza a tocar el timbre del depto. No toca un simple ring, ni una vez, ni dos: se cuelga del timbre cual portero en emergencia. Nosotros sabíamos que el piso estaba alquilado, y por las dudas me atreví a hacer la consulta crítica: “¿Los inquilinos actuales saben que veníamos a ver el piso?”, Julia con mirada esquiva, contesta “trabajan todo el día, no están. Ahora nos abre otro vecino que me conoce.” 

RIIING. “SOY JULIA, LA DUEÑA DEL TERZERO!” . “ AH! PASA JULIA!”. Una voz contesta por el portero eléctrico. Nosotros atónitos. No queríamos ni buscar la cara del otro. Se nos ocurrían diez mil motivos por los que lo que estábamos haciendo estaba mal, y hasta quizás era un poco peligroso.

Entramos al edificio. Tercer piso por escalera. Cuando llegamos a la puerta del depto, nuestra querida Julia repite su (se ve que frecuente) rutina del timbre. No un Ring. Veinticinco seguidos y sin pausa. Nadie respondió. Nosotros mudos. Abre la puerta y nos empieza a mostrar el depto con la mayor naturalidad, como quien recorre el living de su casa. En el medio del depto, una cama desarmada, cosas en todos lados, como es lógico, de los actuales inquilinos.

Es entonces cuando nuestra (ya temida) Julia decide mostrarnos las habitaciones. Abre una puerta, y ¿Qué puede haber? SI, alguien durmiendo. Un pobre, confiado y agotado muchacho. Su cara daba justo a la puerta. Yo me quedé inmóvil. Pensé en correr. Rogué que no abra los ojos.  Lo miré a Pablo. Mudo e inmóvil igual que yo.

Julia cierra la puerta del dormitorio en seguida. Ya ni me importaba si el depto era lindo o no. No lo vi, o lo vi y lo olvidé, no lo sé. Nuestra teórica futura locadora no tiene mejor idea que ponerse a charlar sobre el depto ahí mismo, en el pasillito, con oraciones como “ahora está desordenado, pero ya lo verán más prolijo”. MAS VALE, SI HAY GENTE VIVIENDO ACÁ! Entonces le sugerimos que vayamos a hablar afuera.

Esos segundos los pasé pensando en mecanismos de defensa en caso que el muchacho se despierte y, luego de encontrar 4 personas en su departamento, decida partirnos un matafuego en la cabeza.

Una vez sanos y salvos en la saludable y pública vereda, Julia esperaba una respuesta. Se supone que yo debía hablar. No supe qué decir. Sólo se me ocurrió: “bueno, lo charlamos y hoy le damos una respuesta”.

Ese mismo día corrimos a ver otros pisos, inmobiliarias y todo lo que tenga cerradura que esté listo para ser habitado. La solución será otra historia!  


miércoles, 29 de agosto de 2012

El vuelo

Llegamos a Ezeiza cuatro horas antes del vuelo, porque el check in sólo podía hacerse ahí, según nos informaron en nuestros diez mil llamados. Por supuesto, como el vuelo no tenía reserva previa, los asientos también se elegían en el mismo momento.

Cuando llevamos las valijas a despachar, nos encontramos con que sólo quedaban asientos del medio medio, es decir, de la fila del medio, en los asientos del medio (el Airbus 340 forma (?) 2-4-2). Nos llama la atención, habiendo llegado tan temprano, que casi no se pueda elegir. Preguntamos, y nos explican que deberíamos haber reservado los asientos por teléfono (!). Para qué hacerse mala sangre, si ya no se puede hacer nada. Nos sentamos y a esperar...


Claro, la espera se nos hace larga, ¡cuatro horas antes en el aeropuerto! Pero tampoco nos vamos a estar quejando. Alrededor de una hora antes del despegue nos levantamos, y empezamos a hacer la cola para embarcar, que avanza más rápido de lo que pensábamos. Aunque estuvimos con ellos largo rato en la espera, la despedida de la familia se nos hace medio a las apuradas.


El embarque demora mucho, la cola del detector de metales primero, y de migraciones después se hace larguísima. Por suerte no nos detectan nada (?). A diez minutos de la hora oficial de salida de nuestro vuelo, acabamos de pasar los controles. Pero tenemos gente atrás, así que nos paramos despreocupados (?) a mirar nuestro avión de afuera.

Embarcamos (¿embarcamos? ¿qué clase de anacronismo es ese? ¡Enavionamos!).

Se hacen las 23:35, hora teórica de salida de nuestro vuelo, pero según nos consta (?), el avión no se mueve. La demora es por algo insólito. Un pasajero despacho valijas, pero lo están buscando y no aparece. Más o menos media hora después del horario de salida, bajan su equipaje de la bodega.

Por supuesto, como es de toda lógica, en cuanto terminan, aparece el buen señor y hay que cargar el equipaje de vuelta. Las azafatas se enojan, y el muchacho (?) balbucea alguna explicación que no alcanzamos a escuchar. En definitiva, salimos a las 00:15, unos cuarenta minutos más tarde de lo que estaba pautado. No es tan grave.

Le digo a Corina que cuidemos la batería, porque el vuelo es largo y necesitamos los teléfonos por cualquier cosa allá. Asiente. Acto seguido, abre el Fruit Ninja en el celular y le da un rato largo (?). De cualquier manera, una voz nos informa por los altavoces que los celulares tienen que estar apagados todo el trayecto.

Poco antes de subir, Corina me había dicho algo como "seguro nos sientan un bebé atrás". Efectivamente, la bruja (?) tenía razón: el bebé está exactamente atrás suyo (nota post vuelo: extraordinariamente, sólo lloró en el despegue y el aterrizaje, no nos molestó para nada).

El despegue es muy tranquilo, vemos las luces irse, emocionados. Después de meses de planear, ahora sí empieza todo. No hay fotos, porque estábamos en el medio, pero girándonos como podemos vemos achicarse las luces de Buenos Aires.

Un servidor, que se había resistido a comer antes de subir, espera desesperado (?) que nos sirvan la cena. Al momento de despegar, nos apagan las luces. Sin cenar. Terror, miedo, flagelo. Tengo más hambre que el chavo pegado a la vidriera de Rodizio. Por suerte, al llegar a la altura de crucero (alrededor de las 2 de la mañana) nos dan de cenar.

Vegan meal, con nombre y apellido
Desoyendo el consejo de todos aquellos a los que consulté, elegí la carne en lugar de las pastas. Gol. Una especie de pedacitos no muy duros de algún animal (?), con salsa de champiñones y un puré aceptable. Corina había pedido vegan meal. Se la sirven mucho antes que a los demás pero, siempre tierna, me espera para cenar. Lo gracioso es que también pide ginger ale en lugar de gaseosa, y una amable azafata le explica que eso no existe en nuestro país, que en realidad lo que ella quiere es sprite. Nos toman por puertorriqueños, o algo así..

Volviendo a la comida, la entrada unas cosas verdes flagelantes que ni toqué, se fueron como vinieron. Ah, y el postre un milhojas pasable, que como con la nostalgia de que tal vez el último dulce de leche en mucho tiempo...  

Ok, tal vez dramatice un poco, tengo seis Jorgelin triple en el bolso de mano (?). Me tienta el café, pero paso, seguro es asqueroso, como todo café de transporte que se precie, y quiero poder dormirme bien. Terminamos de cenar y anuncian justo una turbulencia, que finalmente casi no se siente. Igual, como las azafatas no pueden circular por los pasillos, tardan mucho en retirarnos las bandejas. Corina se inquieta, le molestan las piernas porque se siente "como un patito". Las mueve de forma muy graciosa, imitando a los idem (?). Terminada la cena, abrimos las golosinas que trajimos a modo de postre y posamos para la foto.

Nos dormimos, para despertarnos casi a la hora del desayuno. El vuelo marcha muy bien.

Las dos españolas de al lado nuestro comen la banana con cuchillo y tenedor. Me miran asombradas cuando la pelo con la mano, a la usanza de los primates, y le unto el dulce de leche que nos dan para el pan. No se si es asombro porque les estoy haciendo una revolución culinaria (?) u horror porque me ven comer como alguien que debería estar en un zoológico. Las flagelatas, mientras tanto, se ganan su apodo a fuerza de tardar mucho para todo, y de tener un timbre de voz que nos irrita los tímpanos (?).

No nos queda mucho más que hacer tiempo. Nos entretenemos con cualquier cosa (abstinencia de tecnología tremenda), mayormente, comiendo golosinas. La oferta musical en nuestros auriculares de los asientos es variada, va desde Vicentico hasta Adele, pasando por Selena Gómez y David Guetta. Pero como el de Corina no funciona, la tentación de semejante delicia para mis oídos es vencida por la culpa de ponerme los auriculares y abandonarla, así que lo dejo por ahí.

No puedo evitar prender el teléfono varias veces, y en una me enganchan. La azafata "el ginger ale es sprite en este país" me pregunta si es un celular, y cuando le respondo -inocentemente- que sí, grita que no se pueden usar. Le contesto que lo tengo en modo avión. Me espeta (?) que tampoco se puede tenerlo en modo avión. ¿Para qué carajo inventan el modo avión, entonces? Y si era una tablet, ¿era distinto? En fin. Seguimos pasando el tiempo. Se nos ocurre, por suerte, hojear la literatura del avión, y nos encontramos con joyas como esta:

¡No dejes que tu pelo se vaya al descenso!
Cuando volamos sobre Madrid me levanto a dar una vuelta por el avión. Nuestro proyector estaba corrido, pero mirando los otros me entero que volamos a 11.500 m, que vamos a 950 km/h, y que afuera hace 60 grados bajo cero.

Poco tiempo después, nos anuncian que se viene el aterrizaje, que se hace sin ningún problema. Se nos tapan los oídos, los chicos lloran, y hay alguna sacudida, pero nada particularmente memorable. Ya de día, nos retorcemos para mirar por las ventanas, y tenemos nuestras primeras vistas de España, y del Mediterráneo. Terminamos de bajar del avión alrededor de las seis de la tarde. Con las cinco horas de diferencia, fueron poco más de doce horas de vuelo. No se sufrieron para nada.

El Prat es un aeropuerto muy moderno y muy bonito. Nos toca la plataforma más nueva, seguramente eso tenga mucho que ver. Hace un calor imposible (¿treinta y dos grados?) para gente que está con jean, medias y zapatillas. Por alguna extraña razón, no está encendido el aire del aeropuerto. Pero no importa, mejor, así nos vamos olvidando del invierno de Buenos Aires. 

El trámite en migraciones es instantáneo. Para mi felicidad, ni siquiera tengo que hablar con un ser humano (?). Paso mi pasaporte europeo por un lector electrónico, me sacan una foto, y sigo de largo. Menos de 50 segundos. Corina tiene que hacer una cola, pero no demora mucho más de cinco minutos. Le miran el pasaporte con la visa y la dejan pasar sin siquiera hacerle preguntas. Le saco una foto desde el lado de los ya ingresados, lo que provoca que alguien de migraciones me golpee muy fuerte un vidrio y me grite que eso no se puede hacer. Corina se hace la distraída, para que no la asocien conmigo. La foto sale fea, pero sacar otra era tentar demasiado a la suerte, así que vale como recuerdo (?).

Descubrimos, con enorme tristeza, que nuestros dólares listos para gastarse en el Free Shop, se van a quedar en la billetera. En esta plataforma no hay. Mi estómago no se resigna, comeré chocolates con impuestos (?). 

Las valijas llegan con poca espera (aunque con mucho calor), las cargamos en los carritos -que funcionan extraordinariamente bien- para salir, y nos encontramos a Dana, que nos espera para llevarnos a tomar algo a Santa Perpetua (el pueblo en el que trabaja) y a descansar.

En fin... ya llegamos. Estuvimos meses planeando, soñando, esperando, preparándonos. Pero ya está. Ya empieza todo. 

Nuestro primer bar en Barcelona

Ya les contaremos como sigue.



Disclaimer: este relato nació mal parido, porque escribí un montón de notitas de boludeces en el avión, a escondidas de las azafatas. Lo terminé en una de mis tantas noches de desvelo, en el ratito que tardan en hacerme efecto las drogas de las alergias. Así que ya saben (?). Me quedó larguísimo y mal escrito, pero si no lo publicaba, no íbamos a poder seguir con otras cosas, así que mejor que quede así. Trataremos de levantar el nivel (¡y abreviar!) para los próximos.